Principales diferencias entre depósitos y fondos de inversión

Categoría: Consejos de inversión

Cuando hablamos de depósitos bancarios y fondos de inversión las diferencias son enormes: son dos productos financieros completamente distintos; tanto de naturaleza jurídica, en su fiscalidad, las entidades que los ofrecen, etc.

En este artículo comenzaremos describiendo las principales características de cada uno de ellos, para finalizar mostrando todas sus diferencias. En síntesis, se trata de enfrentar a los dos productos financieros más populares: Fondos vs depósitos.

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¿Qué son los depósitos bancarios?

Un contrato de depósito bancario es aquel por el cual un banco recibe de su cliente un montante de dinero, con un compromiso de restitución del mismo (en la misma moneda) en tiempo y forma establecidos. Con la obligación de abonar al cliente un interés, pactado previamente, por el dinero prestado.

En otras palabras, es un préstamo que el cliente le hace al banco. La entidad bancaria utiliza esos fondos para su operativa financiera.

La rentabilidad y el riesgo

Una de las ventajas de los depósitos bancarios, además de su sencillez en la contratación, es que el cliente sabe en todo momento cuánto dinero va a recibir en concepto de intereses por ese préstamo. El dinero depositado no cotiza en un mercado y no tiene posibilidad de revalorizarse ni minusvalorarse.

El capital prestado suele estar garantizado por el Fondo de Garantía de Depósitos, este organismo indemniza al cliente si la entidad bancaria incurre en insolvencia o concurso de acreedores y no puede devolver el depósito. El Fondo de Garantía de Depósitos español cubre un máximo de 10.000 € por titular.

La liquidez de los depósitos bancarios y la inflación

Por otra parte, cuando se formaliza un depósito, se acuerda un plazo para su devolución. El cliente no puede disponer de estos fondos durante la vida del depósito hasta su vencimiento, salvo aceptando una serie de penalizaciones por cancelación anticipada.

Es decir, un depósito bancario es un producto de ahorro ausente de liquidez. ¿Qué supone esto?:

  1. Ante una subida de la inflación, el cliente sufre un perjuicio. El interés que ofrece el banco no varía, pero la pérdida de poder adquisitivo aumenta si los precios suben.

  2. El dinero no puede utilizarse para imprevistos u otras operaciones financieras que puedan surgir, con lo cual se produce una pérdida en concepto de “coste de oportunidad”.

  3. El interés oficial del dinero puede aumentar (lo que suele ocurrir si la inflación se dispara), provocando que las nuevas ofertas de depósitos bancarios y otros productos de renta fija sean más rentables. Sin embargo, el cliente debe mantener el depósito con las condiciones que en su día se pactaron.

La falta de liquidez es un gran inconveniente que suele pasarse por alto. Los inversores más experimentados conocen el valor de tener el dinero disponible en todo momento.

Por otra parte, tal y como se ha dicho anteriormente, el dinero pierde valor con el paso del tiempo como consecuencia de la inflación. Un euro a día de hoy no valdrá lo mismo el año que viene. Este es uno de los motivos principales por los cuales es necesario poner a trabajar nuestros ahorros. En teoría, una inversión debiera ofrecer una rentabilidad superior a la subida del IPC. En caso contrario, el ahorrador estaría sufriendo una pérdida real.

En este sentido, puesto que los depósitos bancarios son productos que ofrecen una tasa de rentabilidad prefijada, suelen ser menos rentables que cualquier otro producto de ahorro e inversión (dado que el riesgo en este sentido no existe). En muchas ocasiones, los rendimientos ofrecidos no son superiores a la inflación, con mayor motivo si tenemos en consideración sus implicaciones fiscales.

La fiscalidad

En efecto, los intereses de los depósitos bancarios tributan en Hacienda. En cada liquidación (que puede ser anual, trimestral, mensual, etc.; e incluso puede percibirse al vencimiento del depósito) se practica una retención fiscal del 19% (de los intereses percibidos, no del capital depositado).

Los rendimientos obtenidos por estos productos de ahorro (es decir, los intereses) pasan a formar parte de la base imponible del ahorro, la cual tiene una fiscalidad dividida en tres tramos:

  • A las ganancias hasta los 6.000 € se le aplica un 19%.
  • A partir de los 6.000 €, hasta los 50.000 €, su tributación es del 21%.
  • Los rendimientos de más de 50.000 € tributan al 23%.

Si tenemos en cuenta su baja rentabilidad y le restamos la inflación más los impuestos, podremos comprobar cómo un depósito bancario no es tan seguro como puede parecer.

¿Qué son los fondos de inversión?

Los fondos de inversión son instituciones de inversión colectiva: un vehículo de inversión ideado para que los pequeños ahorradores puedan participar en los mercados financieros e invertir sus ahorros.

Un fondo de inversión, como su propio nombre ya nos anuncia, es un patrimonio compuesto por multitud de personas, denominadas partícipes. El fondo es propiedad de los partícipes en la parte que les corresponde según el capital invertido.

Este patrimonio no tiene personalidad jurídica propia, se encomienda a una sociedad gestora, la cual se encarga de invertirlo en una cartera de activos financieros diversificada y según una política inversora que los partícipes conocen de antemano.

Antes de continuar con la exposición, cabe destacar que los fondos de inversión están garantizados por el Fondo de Garantía de Inversiones. Una institución análoga al Fondo de Garantía de Depósitos, cuya misión es garantizar que el inversor recibirá su dinero en caso de producirse un concurso de acreedores.

¿Cómo se obtiene rentabilidad en los fondos de inversión?

Los rendimientos obtenidos por estas inversiones pueden repartirse entre los fondistas (si el fondo es de reparto) en su parte proporcional. También puede quedarse dentro del fondo, para aumentar así el valor del patrimonio y, por lo tanto, la parte proporcional de cada uno de los inversores también aumenta (cuando el fondo es de acumulación).

Sea como fuere, a cada partícipe le corresponde su parte proporcional de los rendimientos que las inversiones del fondo puedan conseguir.

Existen fondos de inversión de todo tipo, adaptados a todos los perfiles de riesgo y con una gran diversidad de estrategias inversoras. El inversor tan sólo debe escoger en función de sus criterios personales, sus necesidades financieras y el riesgo que esté dispuesto a asumir.

Cuando una persona desea participar en un fondo tan sólo debe ponerse en contacto con la sociedad gestora o la entidad encargada de distribuirlo y comprar participaciones en el mismo. La misma sencilla gestión deberá hacerse para vender las participaciones y reembolsar el dinero.

Los rendimientos vendrán de la diferencia entre el valor de las participaciones en el momento de la compra y de su posterior venta (si el fondo es de acumulación).

Como se puede deducir, la liquidez de los fondos de inversión es total. Además, la propia sociedad gestora del fondo garantiza el poder suscribir y reembolsar participaciones en el fondo cuando se desee y en la cantidad que se desee.

Como contrapartida, los fondos de inversión no ofrecen una rentabilidad fija, pudiendo ser incluso negativa. No obstante, existen los fondos de inversión garantizados.

La fiscalidad de los fondos de inversión

Pero hay más, los fondos de inversión no tributan mientras el dinero se tiene invertido. Sólo se deberá rendir cuentas con Hacienda en el momento de la venta de las participaciones. De esta manera, cuando el fondo es de acumulación, nuestro capital puede aumentar sin tener que sufrir las consecuencias fiscales.

Y todavía hay más, si se decide traspasar el capital de un fondo a otro no está considerado como una venta y no tiene consecuencias fiscales. El ahorrador tiene total flexibilidad para ajustar sus inversiones en función del riesgo que esté dispuesto a asumir y de las condiciones de mercado.

¿Cuáles son las diferencias entre depósitos y fondos de inversión?

En vista de lo expuesto en los puntos anteriores, estamos en disposición de entender las diferencias existentes entre los depósitos y los fondos:

  • Rentabilidad y riesgo: Los fondos de inversión no garantizan una rentabilidad (excepto los fondos garantizados), puede ser incluso negativa. Mientras tanto, los depósitos bancarios sí ofrecen una rentabilidad fija, sin embargo, suele ser muy baja debido a la seguridad que ofrecen en este sentido. Pero, en términos reales, es decir, restando la inflación y la fiscalidad, los rendimientos de los depósitos pueden ser también negativos; no es extraño verse en esta situación.
  • Liquidez: Mientras los fondos de inversión ofrecen una total liquidez, los depósitos bancarios carecen de ella absolutamente. La liquidez es importante, puesto que, en vista de tener una oportunidad mejor (que nos evite obtener unos rendimientos negativos), siempre podemos rotar nuestra inversión. Adaptarse a los cambios resulta primordial en el mundo de las inversiones financieras.
  • Fiscalidad: Aunque a los dos productos financieros se les aplica la misma fiscalidad, los intereses de los depósitos bancarios están sujetos a retención fiscal; mientras que la rentabilidad conseguida por un fondo no se ve mermada. Así, el inversor puede estar año tras año hasta la venta de las participaciones. Por otra parte, es posible rotar el capital de un fondo a otro sin tener que tributar por ello.

Como podemos observar, si enfrentamos fondos vs depósitos, deducimos que los fondos de inversión pueden ser gestionados con total flexibilidad para mitigar al máximo exponente el riesgo que presentan (la variabilidad en sus rendimientos). Mientras tanto, el riesgo de los depósitos (baja rentabilidad e inflación) siempre está presente y no puede ser abordado.

 

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Juan Puente

Juan Puente

Economista y PDD por el IESE. En 1995 constituí una empresa pionera en España para la implantación de Internet en empresas, y siempre he trabajado desde este campo para ofrecer soluciones innovadoras a través de la red. Me interesa cómo la gente usa Internet para relacionarse y el cambio que ha supuesto en el mundo, así como el SEO, el Lean Start up y cómo se pueden lograr servicios masivos e innovadores con costes contenidos en situaciones de grandes economías de escala. Estoy acostumbrado a constituir y liderar en equipos de alto rendimiento en entornos competitivos, internacionales, multidisciplinares, competitivos, innovadores y complejos, donde la rentabilidad, durabilidad, rapidez de respuesta y adaptación al cambio constituyen factores claves en la consecución de resultados para el resto de accionistas. Juan Puente

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