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¿Dónde invertir mi dinero sin riesgo?

¿Alguno de nosotros hemos pensado bien qué sentido tiene invertir?

Quizá sea un apasionado de las finanzas y le guste mover sus ahorros. Tal vez tenga una empresa y deba gestionar excedentes de tesorería. Es posible que desde su banco le digan lo qué puede ser mejor para su dinero…

Pero lo cierto es que invertir, gestionar, rentabilizar o como quiera llamarse tiene un primer propósito muy simple y claro:

No dejar que nuestros ahorros pierdan valor con el paso del tiempo.

Bajo esta perspectiva, invertir se convierte en una obligación, no una opción. A partir de aquí, podemos obtener más o menos rentabilidad en función del riesgo que pretendamos asumir. No obstante, algunos optan por productos tales como los depósitos bancarios pensando que esta mecánica les evita el riesgo de invertir.

¿Cómo pueden perder valor mis ahorros si los tengo en un depósito bancario que me ofrece una TAE del 1,20%? No tengo ningún tipo de riesgo, tan sólo contrato un depósito y dejo que mi dinero se revalorice.

Este planteamiento es taxativamente erróneo, el último dato del IPC en España la sitúa en el 2,3%, en tasa interanual (en el momento de esta redacción). Esto significa que, en términos generales, lo que hace justo un año valía 100 €, ahora vale 102,3 €.

Ejemplo de los efectos de la inflación

Imagínense que una persona aparta todos los meses de su salario 200 € para llenar el depósito de combustible de su vehículo. Suele gastar unos 50 € semanales en combustible, y todos los lunes llena el depósito para poder desplazarse hacia el trabajo y demás asuntos personales, familiares, etc.

Si el precio del combustible sigue al alza, llegará un momento en que le obligue a depositar 60 € semanales, de lo contrario no tendría suficiente combustible para afrontar la semana. Es decir, el mismo combustible (un depósito) le cuesta 10 € semanales más. Lo cual, en consecuencia, le obliga a retirar 240 € de su salario, no 200 €. El resultado es que esta persona cuenta con 40 € menos a final de mes.

Ante esta perspectiva, nuestro amigo decide hablar con sus superiores del trabajo y les explica la situación. Les informa que ha sufrido una pérdida de poder adquisitivo y necesita un aumento de salario de 40 € más al cabo del mes, simplemente para combustible (por simplificar, no hablaremos de la luz, el gas y otras subidas de precios).

Sus superiores le hacen notar que entienden su situación, pero que no pueden hacerse cargo de ello. En cualquier caso, le compensan con una subida salarial de 25 € mensuales. Dadas las circunstancias, nuestro amigo se conforma con eso.

¿Qué ha pasado realmente?

Nuestro amigo del ejemplo es una víctima más de las subidas de precios, también llamadas inflación.

El combustible precisamente no es el ejemplo que más se ajusta a la realidad de las subidas generales de precios. Se trata de un bien muy volátil. Sube y baja de precio violentamente con mucha facilidad. De hecho, paralelamente se calcula un indicador de inflación el cual no tiene en cuenta los precios de la energía ni de los alimentos (IPC subyacente). Se excluyen estos productos por distorsionar el IPC, debido a la alta volatilidad que presentan.

Sin embargo, es el ejemplo perfecto porque todos notamos los efectos la inflación en este tipo de bienes.

Resumiendo, nuestro amigo ha perdido poder adquisitivo por valor de 40 € al mes. Si bien, ha conseguido una subida salarial de 25 €. Por lo tanto, podríamos deducir que tiene una pérdida de poder adquisitivo neta de unos 15 € mensuales.

Esto es exactamente lo que ocurre con los depósitos bancarios.

Si un depósito bancario – o cualquier otro tipo de inversión – no consigue ofrecernos una rentabilidad igual o superior a la inflación, estamos perdiendo dinero.

Es así de simple.

Puede que el primer año apenas se note, pero esta situación año, tras año, tras año, minará nuestros ahorros. He aquí el primer y principal riesgo, el cual pasa desapercibido y eso es lo que le hace peligroso: La inflación.

Para explicar mejor los efectos de la inflación en el largo plazo, desde el año 2000 hasta el 2018, el dinero ha perdido un 45,5% de valor (según los datos del Instituto Nacional de Estadística).

¿Cómo afecta esto a nuestras inversiones?

Supongamos que no pretendemos invertir y depositamos nuestros ahorros en una caja fuerte en el año 2000. Supongamos también que nuestros ahorros montan unos 1.000 €. Si en 2018 decidimos retirar de la caja fuerte estos 1.000 €, nominalmente siguen siendo 1.000 €. Sin embargo, en términos reales, han perdido un 45,5% de valor. En otras palabras, necesitaríamos unos 1.455 € para poder adquirir todos los bienes y servicios que en el año 2000 costaban 1.000 €.

Todo ello con un matiz importante; tras la crisis vivida durante este período temporal el consumo descendió, y también la inflación. Durante esta etapa la inflación se ha mantenido en una tasa muy baja. De hecho, el Banco Central Europeo ha tenido que tomar drásticas medidas en política monetaria para combatir el riesgo de deflación. Con lo cual, 455 € incluso es una pérdida de poder adquisitivo históricamente baja.

Si mantenemos una inversión cuyos rendimientos no supera la inflación, como es natural mitigaremos una parte de esta pérdida de poder adquisitivo. No obstante, seguimos teniendo presente este riesgo (que tal cual hemos comprobado puede llegar a ser severo y ¡mucho más en el largo plazo!).

Nos empobrecemos al mismo ritmo que crece la inflación; y esto nos obliga a rentabilizar nuestros ahorros.

Es decir, debemos invertir para combatir la inflación como objetivo mínimo. Cuando se plantean objetivos mínimos de rentabilidad, también se espera asumir un riesgo mínimo (incluso puede ser menor que el riesgo de inflación que de por sí tenemos inexorablemente).

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¿Existen las inversiones sin riesgo?

No, en absoluto.

Aún cuando una inversión no tenga riesgo, siempre tendremos el riesgo de inflación. Lo más lógico es que las inversiones que se presentan como “seguras” no logren superar la inflación.

En realidad, el riesgo es una parte inherente de toda inversión. No existe inversión sin riesgo; y si no tuviese riesgo, no podría ser considerada inversión. Cuanto mayor sea el riesgo, mayor será la rentabilidad exigida.

Hemos hecho mención a los depósitos bancarios. Simplemente se debe a que estos productos se comercializaban como seguros, incluso se tiene una percepción de ellos como inversiones sin riesgo. No obstante, estos productos son aquellos que no logran ofrecer una rentabilidad superior a la tasa interanual de IPC. Es más, incluso a la rentabilidad que ofrecen debemos restarle los costes fiscales.

En otras palabras, no pueden considerarse inversiones sin riesgo.

¿Y si la inflación sigue aumentando mientras tenemos el dinero inmovilizado en un depósito bancario? Sencillamente perderemos más poder adquisitivo. Lo peor de todo es que, en este caso, no podremos hacer nada para evitarlo. A no ser que se cancele el depósito y asumamos la penalización que nos impondrán.

Por lo demás, existen fondos de inversión garantizados los cuales pueden ofrecer una TAE variable en función del momento en que se realizan las suscripciones. Pero también puede existir un cierto riesgo de liquidez y de no superar la inflación (aunque no tan severo como en el caso de los depósitos bancarios).

En definitiva, no existe la inversión ideal, es la cuadratura del círculo.

Decir que podemos invertir dinero sin riesgo, en términos absolutos, es mentir deliberadamente. Siempre existirá algún riesgo, aunque esté oculto como en el caso de la inflación (y en algunos casos la fiscalidad, como por ejemplo en los Planes de Pensiones).

¿Qué podemos hacer al respecto?

Al riesgo no se le debe temer; al riesgo se le domina. Una buena inversión tiene en cuenta los riesgos, los minimiza y los gestiona. De forma que, si el riesgo se materializa (repetimos: sólo si se materializa), siempre quedaremos en una situación perfectamente recuperable.

El riesgo puede estar bajo nuestro control.

Medir, controlar y gestionar el riesgo al invertir

Vamos a tratar una serie de medidas que nos ayudan a gestionar adecuadamente el riesgo al invertir dinero:

Determinar nuestra tolerancia al riesgo

Lo primero que debe realizar una persona que se plantee invertir es detectar qué nivel de riesgo puede tolerar. Hay una fórmula muy sencilla:

Si las inversiones te quitan el sueño, estás asumiendo más riesgo del que deberías

Pero al margen de la sabiduría popular, la primera tarea de un asesor financiero es determinar qué perfil de riesgo tiene su cliente para ajustar la inversión al mismo. Para ello se emplean encuestas y estudios de su situación financiera, personal, familiar, laboral, fiscal, etc.

Si conseguimos invertir con un riesgo perfectamente adaptado a nuestras características, es prácticamente como si el riesgo no existiese. No nos afectará, no logra hacernos daño. He aquí la primera y más valiosa de las claves si lo que pretendes es invertir dinero sin riesgo.

La buena noticia es que en la era de la tecnología y las comunicaciones existen asesores financieros informatizados que logran hacer este trabajo de una forma eficiente y económica.

El asesoramiento financiero está al alcance de todos gracias a los robo advisors.

Diversificar

Esta medida para paliar el riesgo es tan antigua como efectiva. De hecho, no se conoce mejor modo de mitigar los riesgos específicos de una inversión. Ha sido juzgada por la experiencia y el veredicto le ha sido favorable.

Debemos procurar construir una cartera bien diversificada, en base a una política de inversión ajustada a nuestro riesgo y nuestras características inversoras, determinadas en el paso anterior.

No podemos estar expuestos a unos pocos activos y que para colmo presenten unas características similares (ejemplo: renta fija nacional y unas pocas acciones del Ibex).

Invertir periódicamente

Está demostrado que el realizar aportaciones mensuales minimiza el riesgo.

Lo que sería justo lo contrario de realizar una inversión de gran capital en un momento puntual. Así lo afirma el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores en boletines destinados al público inversor.

Si lo pensamos bien es lógico. Por ejemplo, imagínense que vemos en las noticias que la Bolsa ha caído un 10% en los últimos meses. Está claro que esto sólo es una tendencia bajista, tras un declive viene una subida; y viceversa.

No obstante, esta noticia asusta a cualquiera que tenga alergia al riesgo.

Sin embargo, este 10% de caída no nos afecta de la forma que creemos. Presuponemos cuatro factores que se deben dar en conjunto:

  • Que compramos justo en el momento más álgido.
  • Que vendimos justo en el momento más bajo.
  • Que no hemos cobrado ningún tipo de renta en forma de dividendo.
  • Que toda nuestra inversión se encuentra concentrada en este mercado (no hemos diversificado).

Sólo si se cumplen estos cuatro requisitos, habremos perdido efectivamente un 10%.

Pero, también hay que decir que este escenario es muy, pero que muy, poco probable. Y si vamos realizando compras periódicas, en momentos distintos y a precios distintos, se convierte en imposible (aunque las probabilidades ya de por sí eran mínimas).

Como podemos observar, el riesgo de invertir dinero es menor del que en realidad suele parecer, aún cuándo nos estamos refiriendo a activos de renta variable.

Apoyo profesional

¿Alguien sabe lo que es la beta de una cartera?

Seguramente algunos de los lectores sí que sabrán lo que significa este concepto financiero. En cualquier caso, lo explicamos brevemente:

Para calcular la beta de una cartera tan sólo se debe realizar una media ponderada de las distintas betas de los valores que la componen. La beta es un coeficiente que mide la sensibilidad que tiene un título con respecto a su índice de referencia.

Una beta igual a 1 significa que el valor se mueve exactamente igual que su índice de referencia. Una beta negativa quiere decir que tiene una correlación inversa (el título baja cuando el mercado sube y viceversa).

Por ejemplo, las acciones de Enagás tienen una beta de 0,66 (datos reales extraídos de Infobolsa en el día de la fecha).

Significa que si el Ibex 35 (índice de referencia) se mueve un 10%, Enagás se moverá en la misma dirección un 6,6%. Por lo que podríamos afirmar que las acciones de Enagás son más “tranquilas” que el mercado (menos volátiles). Este concepto (entre otros muchos) nos permite ajustar el riesgo de las carteras (haciéndolas más o menos volátiles con respecto a un determinado mercado).

La beta exige un seguimiento continuo, los coeficientes son medias y dependen del período de tiempo utilizado para su cálculo.

Lo que pretendemos decir con esto es que un inversor medio, si quiere gestionar riesgo adecuadamente, necesita tener en cuenta conceptos financieros como la beta y saber manejarlos. Por el contrario, un gestor profesional de carteras “vive con la beta”, formando parte de su día a día.

El análisis, selección de activos, la gestión de la cartera, los ajustes pertinentes y llevar a cabo una correcta diversificación pueden ser abrumadores para una persona cuyo objetivo sea invertir dinero sin riesgo (o el mínimo riesgo posible).

Dejar que la inversión la manejen gestores profesionales nos permite únicamente preocuparnos de qué política de inversión es más acorde a nuestros intereses.

Si vamos a combatir el riesgo, ¿por qué no dejar que tropas de élite bien entrenadas nos ayuden con este propósito?

Los gestores profesionales pueden incluso crear una cartera que se desvincule totalmente del comportamiento de los mercados, es el caso de los fondos de inversión de retorno absoluto (total return).

Conclusión

Las medidas expuestas en el apartado anterior nos permiten minimizar el riesgo de toda inversión, dado que invertir dinero sin riesgo (absolutamente) es una quimera.

La opción que nos procura los mejores resultados, ajustados a un nivel de riesgo adecuado pueden ser los fondos de inversión.

Estos productos son diversificados por su propia naturaleza, son gestionados por un equipo de profesionales y existe una amplia oferta de fondos en los cuales el inversor puede escoger el más adecuado a su tolerancia al riesgo. Máxime si un “robo advisor” nos ayuda a escoger el más adecuado.

El ir rotando nuestros ahorros, progresiva y periódicamente, de los depósitos bancarios a fondos de inversión, aunque pueda parecer lo contrario, es una buena medida para ir pasando a invertir con un menor riesgo. De lo contrario, seremos víctimas de la inflación: “El riesgo silencioso”.

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No sabes invertir en bolsa y lo sabes
Juan Puente

Juan Puente

Economista y PDD por el IESE. En 1995 constituí una empresa pionera en España para la implantación de Internet en empresas, y siempre he trabajado desde este campo para ofrecer soluciones innovadoras a través de la red. Me interesa cómo la gente usa Internet para relacionarse y el cambio que ha supuesto en el mundo, así como el SEO, el Lean Start up y cómo se pueden lograr servicios masivos e innovadores con costes contenidos en situaciones de grandes economías de escala. Estoy acostumbrado a constituir y liderar en equipos de alto rendimiento en entornos competitivos, internacionales, multidisciplinares, competitivos, innovadores y complejos, donde la rentabilidad, durabilidad, rapidez de respuesta y adaptación al cambio constituyen factores claves en la consecución de resultados para el resto de accionistas. Juan Puente

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