Invertir en dividendos. Todo lo que debes saber

Invertir en dividendos constituye una de las estrategias más antiguas y efectivas que existen. En este artículo te ofrecemos las claves para que puedas abordarla. Todo cuanto necesitas saber sobre la inversión en acciones con dividendos se concentra en estas líneas…

Puede parecer una perogrullada, pero las empresas fueron creadas con el único fin de obtener beneficios. No son entidades sin ánimo de lucro. Por supuesto, parte de estos beneficios deben llegar al accionista en forma de dividendos. ¿Si no qué sentido tendría invertir en dividendos?
Decimos que puede parecer una perogrullada porque a veces este principio se olvida. Además, existen otras estrategias de inversión. Además, otros tipos de empresas que no tienen como política el reparto de dividendos.

Tal es el caso de la estrategia de crecimiento, en el cual se sacrifican los dividendos en pro de obtener una mayor cantidad de reservas, con fines de establecer planes de expansión. Sin embargo, invertir en dividendos constituye una inversión en el sentido más puro de la palabra, puesto que no nos concentramos en la diferencia de precio de las acciones.

Es una estrategia tan sencilla como encontrar un negocio atractivo, que ofrezca buenos beneficios a distribuir entre sus accionistas y entrar a formar parte de este negocio como socios. Aportando capital mediante la compra de acciones.

Pero quedan todavía muchos interrogantes en el aire. Estos interrogantes los trataremos para que puedas tener en tu conocimiento todo lo que necesitas saber acerca de la estrategia de inversión en dividendos.

¿Por qué invertir en dividendos?

1. Es una estrategia antigua

La renta variable admite una gran cantidad de estrategias de inversión. La que tratamos en este artículo es simplemente una de ellas.

Si bien, una de las más antiguas, seguras y eficaces. Se trata de un estilo que, por mucho que pase el tiempo, es inmune a todo tipo de modas. Podemos afirmar que se trata de una estrategia clásica; atemporal.

El inversor que busca los dividendos es aquel que no busca sobresaltos con los ciclos, altibajos y crisis en los mercados financieros.

Tan sólo busca colocar su capital en negocios rentables y esperar que estos consigan unos beneficios anuales crecientes, o por lo menos estables. Busca empresas con una buena situación financiera y buena posición en el mercado.

Suelen ser empresas que no tienen grandes planes de expansión y, de este modo, la mayor parte de sus beneficios pueden ser repartidos entre los accionistas en forma de dividendos, quedando una mínima cantidad de los mismos en las reservas de la compañía.

 

2. Ofrece un plus de rentabilidad sobre otras inversiones parecidas

Pero ¿si para esto ya existen los depósitos bancarios y la renta fija, por qué invertir en acciones?

Es cierto que invertir en bolsa en busca de dividendos es muy parecido a invertir en bonos u otros activos que son más estables en el mercado secundario, aquellos que no tienen variaciones tan fuertes en su rentabilidad. En ellos se coloca el capital y tan sólo esperamos cobrar intereses. Sin embargo, el inversor busca un plus de rentabilidad al invertir en acciones.

Normalmente, los dividendos ofrecen una mayor rentabilidad que los activos de renta fija; además de una mayor versatilidad, puesto que existen más posibilidades de inversión y las acciones son más variadas.

El hecho de que la renta variable tenga una mayor rentabilidad (como norma general) que la renta fija no es nada extraño. Como su propio nombre indica, se trata de “renta variable”: la rentabilidad puede estar sujeta a variaciones en función del funcionamiento del negocio en el cual ahora somos socios (por comprar sus acciones).

La diferencia de rentabilidad entre los activos de renta fija y renta variable precisamente adopta el nombre de “prima de riesgo”. Y esta prima de riesgo es la rentabilidad extra que obtiene el inversor en dividendos como premio.

 

3. Se trata de una de las estrategias de renta variable menos arriesgadas

En todo caso, esta estrategia es de las más conservadoras dentro de la renta variable. Se trata de una forma de invertir en bolsa muy apta para aquellos ahorradores que buscan dormir tranquilos, ajenos a las alteraciones del mercado.

Una de las claves para reducir el riesgo de la inversión en dividendos es una correcta diversificación de los activos en una cartera. Puede decirse incluso que es la mejor táctica de defensa en esta estrategia que llamamos “inversión en dividendos”.

 

Tipos de dividendos que puede ofrecer una empresa

Además del dividendo ordinario, el que se entrega anualmente por el funcionamiento normal del negocio y los beneficios generados, existen otros tipos de dividendos:

Dividendo a cuenta

Es un dividendo que se entrega con antelación al dividendo ordinario. En muchos casos la empresa fracciona el dividendo ordinario y lo entrega en varias periodicidades a lo largo del ejercicio económico.

Los dividendos a cuenta son estas fracciones que se entregan con antelación al reparto. Pagan “a cuenta del beneficio futuro”. Muchas empresas entregan dividendos a cuenta con una periodicidad trimestral.

Dividendo complementario

Cuando el dividendo ordinario se entrega “a cuenta de los futuros beneficios”, como es normal, la empresa tiene una estimación de cuáles pueden ser estos.

No obstante, estas estimaciones pueden variar. El dividendo complementario es el último que se entrega una vez es conocido el beneficio anual y complementa los pagos a cuenta que se han ido haciendo; para rematar el reparto

Dividendo extraordinario

Estos dividendos se diferencian de los demás porque no provienen de los beneficios generados por la actividad ordinaria de la empresa. Es decir, por su modelo de negocio.

Suelen ser fruto de alguna operación ajena a la facturación de la empresa, como por ejemplo la venta de algún terreno o algún otro activo que le ha supuesto a la empresa una plusvalía o beneficio extra que se reparte (total o parcialmente) en forma de dividendos.

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Son los pagos de dividendos en forma de acciones. Es decir, la empresa paga los dividendos mediante la emisión de acciones de la propia compañía, no en dinero en efectivo.

Este tipo de reparto de dividendos se hizo popular durante la crisis económica de 2008 (y los años posteriores). Las empresas presentaban problemas de liquidez y necesitaban los beneficios para solventar sus asuntos. Sin embargo, tampoco podían permitirse el lujo de suspender el pago de dividendos.

Una de las características es que los accionistas pueden vender los derechos de suscripción preferente que tienen aparejados las acciones que son emitidas y obtener así un flujo de rentas.

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¿Qué rentabilidad puedo esperar al invertir en dividendos?

Para comenzar a definir la rentabilidad que se puede esperar, y si esta es apta para que merezca nuestra atención, lo primero que debería hacer un inversor es ver qué intereses está ofreciendo la renta fija.

Aunque es una regla un tanto general, se dice que cuando la renta fija alcanza rentabilidades del orden de un 4,5% se convierte en un serio competidor de la renta variable.

Por otra parte, la evolución de la renta fija depende de las políticas monetarias y la situación de los tipos de interés.

Como se ha comentado anteriormente, a la renta variable debe exigírsele una rentabilidad extraordinaria (la llamada prima de riesgo) por motivos de su mayor inestabilidad y, consecuentemente, mayor riesgo. Pero para comprender del todo cómo funciona la rentabilidad por dividendo de las acciones debemos tener claros unos conceptos bursátiles.

 

El Pay-out

El Pay-out se define como el porcentaje de los beneficios anuales de una empresa que se destina al reparto de dividendos. Por ejemplo, una empresa con beneficio anunciado o previsto de 200 millones decide dejar en reservas 100 millones y repartir en dividendos los otros 100. En este caso se dice que la compañía tiene un Pay-out del 50%.

El Pay-out muestra la política de distribución de beneficios de la compañía. Suele ir en función de los beneficios que obtenga la empresa, sus planes de crecimiento, el sector al que pertenezca y en última instancia al equipo directivo en sí mismo.

Existen sectores más estables que otros, como por ejemplo la alimentación frente a las nuevas tecnologías. Cuanto menor sea la necesidad que tenga la compañía en autofinanciarse con sus propios beneficios, menor dinero irá destinado a reservas y mayores dividendos podrá repartir.

En este sentido, las empresas tecnológicas tienen necesidad de invertir grandes cantidades en I+D+i para poder ser competitivas. De este modo, no suele ser un sector en el que se consigan suculentos dividendos.

En síntesis, la previsión y evolución del Pay-out es importante para determinar si la empresa es buena pagadora de dividendos.

 

Dividendo por acción (DPA)

El dividendo por acción es la cantidad del dividendo bruto, anunciado por la empresa o estimado para los próximos 12 meses que corresponde a cada una de las acciones emitidas y en circulación que tiene la empresa.

Por ejemplo, podemos determinar que, si la empresa tiene previsto repartir un dividendo bruto de 100 millones de euros y mantiene 200 millones de acciones en circulación, el dividendo por acción (DPA) es de 0,50 €.

Esto quiere decir que, si somos propietarios de, por ejemplo, 1.000 acciones, obtendremos una cantidad anual en forma de dividendos de 500 €.

Como es de suponer, el dividendo por acción se basa en los beneficios que tenga la empresa y la política de reparto de los mismos (Pay-out).

 

Rentabilidad por dividendo

Siguiendo con el ejemplo anterior y suponiendo que tenemos previsto un dividendo bruto de 0,50 € por acción, ¿qué rentabilidad nos supone esto?

Por supuesto, depende del precio de compra de las acciones. Recordemos que el concepto “rentabilidad” se define como el beneficio obtenido entre la inversión realizada.

Rentabilidad (%) = (Beneficio obtenido/Inversión realizada) *100.

Por consiguiente:

Rentabilidad por dividendo (%) = Dividendo por acción/Precio de compra de las acciones *100

Si se compran acciones en momentos distintos, a precios diferentes, deberemos hacer una media ponderada del precio.

Imaginemos que BBVA reparte un dividendo de 0,26 € por cada acción. El precio al que hemos adquirido las acciones es de 5,5€.

En este ejemplo, la rentabilidad por dividendo sería:

Rentabilidad por dividendo= (0,26 €/5,50 €) * 100 = 4,72 %

Es simplemente un ejemplo, pero las cifras, pueden estar cerca de la realidad actual, aunque no son del todo exactas. Sin embargo, si comparamos con los intereses que hoy en día nos ofrecen los depósitos bancarios y la renta fija encontramos que es una rentabilidad aceptable.

Nos gustaría dejar claras las bases fundamentales de toda inversión por dividendos. La rentabilidad que se obtiene por los dividendos nace de dos factores:

  1. El primero de ellos es el dividendo por acción que la empresa está dispuesta a pagar y el cual depende de sus ventas, sus márgenes, sus beneficios, su posición financiera y de mercado, su sector y su política de reparto o Pay-out.
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  2. El segundo es el precio al cual se compran las acciones.

En el momento que se suscriben estas líneas (datos de junio de 2021), en plena crisis del coronavirus, existen 8 empresas del Ibex 35 que consiguen ofrecer una rentabilidad por dividendo estimada superior al 5%:

  • Enagás: 8,72%.
  • Endesa: 8,72%.
  • Mapfre: 7,72%.
  • ACS: 7,63%.
  • Telefónica: 7,44%.
  • Naturgy: 6,71%.
  • Red Eléctrica: 6,41%.
  • Repsol: 5,36%.

Recordemos que, en junio de 2021, los Bonos del Estado a 10 años rendían en torno a un 0,40% (el día 1 de junio ofrecían un 0,48% en el mercado secundario. Llegaron a ofrecer un 0,37%). En agosto de este mismo año, la rentabilidad del Bono a 10 años se sitúa en torno al 0,23%. Dejamos que el lector saque sus propias conclusiones.

Sin embargo, hay un asunto que debemos aclarar: no supone una buena inversión fijarse en la rentabilidad por dividendo actual simplemente. La selección de empresas requiere de un estudio más profundo, con vistas al futuro y no sólo la rentabilidad presente. Las inversiones en dividendos suelen ser estrategias de largo plazo.

La rentabilidad por dividendo es un indicador, pero sólo es una pieza del puzle. Nos puede dar una idea y una cierta información, pero no la historia completa que necesitamos para acometer la inversión.

“Nadie debería comprar una acción únicamente porque ofrece un rendimiento alto. Los inversores deben proceder con cautela cuando una acción ordinaria tiene un rendimiento superior al 8%, especialmente en un entorno de bajos tipos de interés. Deben determinar si la empresa puede pagar el dividendo […] un alto rendimiento de dividendo no necesariamente significa el pago de altos dividendos”.

Michael Kaye, analista de valores de Standard & Poor’s

¿Qué podemos esperar de las inversiones por dividendos?

Es posible que el inversor busque obtener una renta anual a través de los dividendos. Sin embargo, este objetivo (que es tan noble y legítimo como cualquier otro), no surte buenos resultados a no ser que se cuente con un capital amplio y esté dispuesto a sortear las fluctuaciones en la rentabilidad (recordemos que el término de “renta variable” no se le ha puesto por capricho).

Suponiendo que invertimos en acciones de Enagás, que tal y como hemos visto actualmente ofrece una rentabilidad por dividendo estimada en 2021 de un 8,72%. ¿Cuánto capital necesitaríamos para obtener una renta de, digamos un complemento al sueldo de 600 € por mes? Veámoslo.

600€ al mes serían unos 7.200€ al año. Para conseguir esta cantidad con un 8,72% de rentabilidad necesitaríamos invertir un capital de 82.568,81 €.

Esto suponiendo que la empresa mantenga los dividendos a lo largo del tiempo y que hayamos comprado las acciones al mismo precio.

No queremos decir que esto no sea posible. Pero el verdadero sentido y el más interesante de las estrategias de inversión por dividendos es capitalizar los mismos (reinvertirlos) y aumentar nuestro patrimonio a un ritmo exponencial.

 

¿Cómo invertir en dividendos?

Un objetivo de aumentar el capital en el largo plazo resulta más factible y más beneficioso que confiar una renta anual mediante dividendos.

Debido a que estas inversiones son variables (los beneficios de las empresas varían, los Pay-outs varían y el precio al que compramos nuevos lotes de acciones varían), no podemos hablar de una rentabilidad por dividendo única a lo largo del tiempo, puesto que tendrá altibajos.

No es viable confiar una renta anual, o mensual, en inversiones de este tipo, puesto que no es una forma segura de obtener liquidez; las empresas suelen recortar dividendos cuando tienen una tormenta que capear.

No obstante, si invertimos en empresas estables, financieramente sólidas y con un buen historial en el pago de dividendos, obtendremos una rentabilidad anualizada a lo largo del tiempo estable y financieramente más atractiva que otro tipo de inversiones.

Se ha demostrado que la renta variable es el activo que mejor funciona a largo plazo, gracias en gran parte a la buena rentabilidad que ofrecen los dividendos (según estudios de Jeremy Siegel). A pesar de que puntualmente haya vaivenes, estos se suavizan con la diversificación y con el paso del tiempo.

Invertir capitalizando los dividendos es una de las mejores estrategias, puesto que desatamos la buena rentabilidad en períodos largos de tiempo (al margen de los altibajos puntuales) y desarrollamos todo el potencial que nos brinda el interés compuesto.

La rentabilidad por dividendos hace crecer de sobremanera nuestro capital. Pero, ¿cómo selecciono a las mejores empresas?

 

La selección de activos y los fondos de inversión de renta variable en empresas de alto dividendo

Un inversor en dividendos se caracteriza por ser un tipo con un perfil de riesgo tranquilo. No está constantemente pendiente de los precios de los mercados. Su actividad se compone de inversiones cada cierto período de tiempo, reinversión de dividendos y ajustes puntuales de su cartera.

Nótese que hemos dicho “cartera”, y es que, para proteger las inversiones es necesario construir una cartera con diversos tipos de activos. Con mucho más motivo cuando tratamos con la renta variable, dónde los altibajos están servidos (amén de otros riesgos mayores, como un concurso de acreedores o problemas graves de liquidez).

En resumen, es necesario componer una cartera bien diversificada. Y esto supone realizar un estudio de varios factores fundamentales de las empresas, indagar en sus cuentas de resultados, sus balances y su historial de dividendos. Determinar si es una empresa digna de una inversión es un asunto que requiere tiempo.

NOTA: Es imprescindible considerar con mucho detenimiento el historial de pago de dividendos de la empresa. Una compañía merece respeto cuando se ha observado que tiene un buen comportamiento en momentos de dificultades. Así como las medidas que llevaron a cabo los directivos para capear el temporal. Entre los factores también podríamos destacar que las empresas tengan un flujo de caja fuerte. Esta es una de las claves para pagar dividendos.

Son varios los factores a analizar, entre ellos hay momentos temporales cuando es más propicia la compra, dependiendo cuando se produzca un reparto de dividendos y otras cuestiones que los gestores de carteras profesionales saben muy bien.

Un inversor medio puede verse abrumado por estas cuestiones. Aunque parezca una estrategia sencilla (y en cierto modo lo es, puesto que no exige estar constantemente invirtiendo y pendiente de la evolución de los mercados), tiene también sus entresijos en cuanto a la selección de activos.

 

¿Cómo instrumentar la inversión en acciones con dividendos?

Si lo que pretendemos es seleccionar buenos activos, correctamente diversificados y compenetrados en una cartera unificada con una buena rentabilidad ajustada al riesgo asumido. La mejor táctica es confiar este asunto a un gestor de carteras, un especialista en este tipo de estrategias.

Dicho de otro modo, aprovechar las ventajas que nos ofrecen los fondos de inversión de renta variable de alto dividendo.

Al instrumentar nuestras inversiones a través de estos productos financieros, estamos realizando indirectamente la misma estrategia inversora, pero con las siguientes ventajas:

  1. No es necesario dedicar tiempo a seleccionar activos. Basta con leer y tener clara la documentación informativa del fondo en el cual pretendemos suscribir participaciones. Hay una total transparencia en cuanto a la política de inversión, riesgos asumidos, rentabilidades medias y demás cuestiones que es necesario conocer.
  2. La diversificación es un asunto inherente a los fondos de inversión. Estos productos son por naturaleza diversificados.
  3. Existe una total liquidez para suscribir y reembolsar nuestras participaciones en cualquier momento. La sociedad gestora garantiza la contrapartida.
  4. Normalmente, las inversiones en dividendos se caracterizan por necesitar una gestión muy activa. Por supuesto, es necesario realizar ajustes en las carteras, pero normalmente se producen las compras y las rotaciones en momentos muy puntuales del año. Lo cual minimiza mucho las comisiones de gestión.
  5. Siempre estaremos informados del estado de nuestras inversiones mediante los informes periódicos que nos remite la sociedad gestora del fondo.
  6. En cuanto a los beneficios y ventajas fiscales de los fondos de inversión, es un punto que merece especial atención y lo trataremos en el apartado siguiente.

Algunos de los fondos de renta variable de alto dividendo en los cuales podemos invertir son:

  • Schroder Global Equity Yield (renta variable global).
  • Fidelity Global Dividend Fund (renta variable global).
  • JP Morgan Europe Strategic Dividend Fund (renta variable europea).
  • Invesco Pan European Equity Income Fund (renta variable europea).
  • Jupiter Asia Pacific Income Class L (renta variable emergente; zona de Asia Pacífico excluido Japón).

La fiscalidad en las inversiones por dividendos

Como es de suponer, los dividendos repartidos no están exentos de tributación. Concretamente se consideran rendimientos del capital mobiliario y tributan, como mínimo, al 19% (hasta los 6.000 €) en el IRPF.

Al cobrar un dividendo, automáticamente se practica una retención previa por parte de la Agencia Tributaria por el tipo mínimo (el 19%). Posteriormente, se declararán los rendimientos en la base imponible del ahorro.

Los tramos impositivos de la base imponible del ahorro son los siguientes:

  • Hasta 6.000 € se aplica un tipo impositivo del 19%
  • Hasta los 50.000 € (es decir, los siguiente 44.000 €) tributan al 21%.
  • De 50.000 € en adelante se aplicará un 23%.

Al invertir en un fondo de inversión de acumulación (aquellos que reinvierten los rendimientos en lugar de repartirlos entre los partícipes) no se tiene necesidad de tributación alguna. Es el propio fondo de inversión el que tributa por nosotros.

Ahora bien, la fiscalidad que tiene un fondo de inversión es muy diferente a la que acabamos de ver: un fondo de inversión tan sólo paga un 1% del Impuesto sobre Sociedades.

Este coste fiscal es automáticamente deducido del patrimonio del fondo y, por ende, disminuye el valor de las participaciones.

Está claro que las ventajas fiscales que ofrecen los fondos de inversión en este asunto no tienen mayor discusión. Si nuestro objetivo es capitalizar los dividendos, como así se recomienda para encarar esta estrategia, un fondo de inversión nos podrá ofrecer una mayor rentabilidad al reducirse notablemente el coste fiscal.

Además de esto, los fondos de inversión tienen otra serie de ventajas fiscales. Para saber más sobre ellas y, además, saber cómo aprovecharlas al máximo, te recomendamos los siguientes artículos: Fiscalidad de los fondos de inversión.

 

Conclusiones

Extrayendo lo más importante que debes saber sobre cómo invertir en dividendos, quizá el paso más complejo sea la selección de activos y la construcción de una cartera correctamente diversificada.

A fin de cuentas, la estrategia de inversión en dividendos es tan sencilla como ser socio de una empresa y participar en sus beneficios. Pero ahora se plantea la cuestión de dilucidar qué empresa es apta para que decidamos entrar como socios.

Este aspecto queda resuelto a través de los fondos de inversión de alto dividendo, en los que aprovecharemos la experiencia y conocimientos de un gestor profesional para la asignación de activos a la cartera.

Además de otra serie de ventajas, entre las que destaca la atractiva fiscalidad que nos ofrecen estos productos.

 

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