Cómo afecta a las inversiones la inflación: ¿Cómo protegerse?

Mucho se habla últimamente de la inflación, ¿pero cómo afecta la inflación a las inversiones? No estábamos acostumbrados después de más de diez años donde parecía que, según los índices de precios al consumo, los bancos centrales no conseguían, especialmente en Europa, que se alcanzara ese objetivo del dos por ciento que tiene como mandato el Banco Central Europeo. Hasta algún debate hubo sobre si era necesario replantearse ese objetivo y bajarlo a niveles cercanos al 1%. Y de repente, nos despertamos muchos días con números de inflación del doble o triple estos últimos meses.

¿Qué está ocurriendo? Antes de entrar en este debate, conviene recordar que la inflación supone un incremento continuado del nivel de precios, no sólo una subida puntual en forma de escalón de los precios de ciertos bienes y servicios. Es por tanto un lastre al poder adquisitivo de una economía. Representa una devaluación recurrente y constante de la capacidad de compra de familias y empresas, y por tanto una variable que hay que controlar para la correcta preservación de un patrimonio a la hora de invertir.

 

De dónde viene la inflación

La inflación puede provenir de un shock de oferta, que se ve limitada por diversas causas y revierte en mayores precios de lo que se produce, o por un incremento fuerte de la demanda. En este sentido, y sin un análisis en profundidad, se podría concluir que es mucho más negativo el primer caso, que además compromete el crecimiento de la demanda agregada de la economía.

También puede ser esperada o inesperada para los principales agentes económicos, lo que condiciona su respuesta en una economía que depende mucho del efecto “sentimiento”. Pero lo que siempre provoca es un desajuste en ciertos mercados, ya sea transfiriendo recursos desde el prestamista al prestatario o desde la empresa al trabajador (o viceversa), que se desvían de su punto de equilibrio, y que en el caso del mercado laboral, provoca un incremento del desempleo.

En el caso que nos ocupa ahora, una característica inusual que ha provocado la pandemia, es que ha llevado a un incremento considerable de la demanda, gracias entre otras cosas a los planes fiscales de los diferentes gobiernos, al mismo tiempo que reducía drásticamente la oferta de bienes y servicios con los confinamientos y cierres de fábricas. La conjunción de ambos efectos ha llevado a incrementos de precios superiores al 4%, además de ciertas disrupciones en la cadena de suministro como podemos ver en los medios de comunicación.

 

Una ola de inflación ¿transitoria o persistente?

Esta ola de inflación es muy probable que sea transitoria. ¿Por qué? Porque en la medida en que parte de ese impulso fiscal al gasto se atenúa y se normalizan las cadenas de suministro en algún momento no demasiado lejano, ese incremento continuado de precios deja de existir, y por tanto no requiere de actuación alguna en términos de política monetaria por parte de los bancos centrales.

Es decir, la subida de los precios de los coches de segunda mano debería revertir en unos trimestres. Algo parecido se debería esperar de los mercados de energía y electricidad. Pero es posible que llegue una segunda ola, más ligada al sector servicios (que pesa el triple en una economía desarrollada) y que afecte a subida de salarios, que es el principal componente de la subida de costes empresariales. Aquí la inflación suele ser más persistente, y pudiera ser un problema real para la economía y un quebradero de cabeza para la política monetaria.

Por lo tanto, podemos estar enfrentándonos a un escenario de inflación superior al que los principales economistas pronosticaban hace sólo unos meses. Una inflación más duradera provoca que los tipos de interés reales se adentren aún más en terreno negativo, lo que hace que la política económica sea aún más ultra acomodaticia, circunstancia que pone presión en el Banco Central para reducir su programa de compras de activos y eventualmente subir los tipos de interés de referencia.

 

El impacto en los mercados financieros

La realidad es que el impacto de la inflación en mercados financieros es negativo para las inversiones nominales como la renta fija, pero en renta variable es muy desigual. El activo o sector que históricamente ha protegido mejor ante entornos inflacionarios ha sido el de las materias primas, incluido el petróleo (que son los activos que más subidas acumulan en el año, por cierto). El oro, ante tipos de interés reales negativos también se suele comportar bien. Pero lo fundamental en renta variable es encontrar compañías con capacidad de fijación de precios y que puedan trasladar esta subida en costes a precios finales sin que la demanda se resienta demasiado.

Por último, el diferencial de tipos de interés reales entre dos economías suele, en el corto plazo, explicar en buena medida la evolución relativa de sus divisas. Es decir, mientras parece que tanto la inflación, como la respuesta de la Reserva Federal está siendo algo más contundente en EE.UU. que en la Eurozona, será difícil ver el euro apreciarse contra el dólar en el corto plazo.

Luis Buceta Casteleiro
Luis Buceta Casteleiro
Director de Inversiones en España de Creand Asset Management (Gesalcalá, SGIIC, SAU)

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