4 inversiones de bajo riesgo para perfiles conservadores

¿Qué entendemos por inversiones de bajo riesgo? En realidad, como veremos a continuación, existen riesgos ocultos que debemos evitar. Una inversión puede parecer segura, pero es posible que, sin saberlo, nuestro patrimonio sufra una depreciación.

En este artículo mostramos 4 inversiones de bajo riesgo, pero advertimos que algunas de ellas pueden no ser adecuadas si no ofrecen una rentabilidad que evite la pérdida de poder adquisitivo.

 

¿Existen las inversiones de alta rentabilidad y bajo riesgo?

En realidad, la rentabilidad de una inversión está directamente relacionada con el riesgo. De hecho, a la hora de pensar dónde invertir tu dinero, lo ideal es considerar el riesgo que asumimos como primer factor. Después, en base al riesgo, se define la rentabilidad.

Por supuesto, existen inversiones adecuadas para perfiles conservadores, consideradas de alta rentabilidad y bajo riesgo. Los inversores conservadores se caracterizan por tener unos modestos objetivos de rentabilidad, puesto que priman la preservación de su capital.

En este sentido, todo inversor debe considerar el riesgo oculto que sufre nuestro dinero: la inflación.

La inflación, es decir, la subida controlada de los precios, suele minar nuestro poder adquisitivo. Para hacernos una idea, simplemente deberíamos pensar que si, en términos anuales, el IPC se sitúa en el 1%, nuestro poder adquisitivo ha disminuido un 1%. Por lo tanto, nuestro dinero vale menos y equivale a haber perdido un 1% de nuestro patrimonio.

Por otra parte, además de la inflación, las inversiones financieras están sujetas a fiscalidad. La fiscalidad actúa como una termita sobre la rentabilidad obtenida. No todos los productos financieros tienen la misma fiscalidad.

Así pues, un inversor conservador tiene un objetivo claro: conseguir una rentabilidad que le permita preservar su poder adquisitivo, una vez descontada la inflación y la fiscalidad.

Por ello, debe encontrar un producto financiero que obtenga una adecuada rentabilidad ajustada al riesgo que está dispuesto asumir. Si somos inversores de corte conservador, el riesgo debe ser el mínimo que nos permita superar la inflación, una vez descontada la fiscalidad.

 

4 inversiones consideradas de bajo riesgo

1. Depósitos bancarios

Los depósitos bancarios siempre han tenido fama de ser inversiones seguras. Lo cierto es que, se trata de productos financieros sencillos, en los cuales no es necesario que el ahorrador tenga conocimientos financieros de ningún tipo.

La seguridad de los depósitos viene aparejada de que son productos que ofrecen un rendimiento fijo en forma de intereses y, al vencimiento de los mismos, el inversor recupera el 100% del capital depositado, sin posibilidad de que sufra una minusvaloración.

Sin embargo, la rentabilidad que ofrecen los depósitos bancarios suele ir en acorde a los tipos de interés oficiales; y los tipos de interés oficiales se mueven en función de la situación inflacionaria; ergo, difícilmente los depósitos bancarios pueden ofrecer una rentabilidad superior a la inflación.

Además, simplemente a los intereses percibidos hay que restarles el 19% como consecuencia de la retención fiscal practicada. Después, al declarar a Hacienda, el porcentaje puede incluso ser mayor.
Por lo tanto, en términos reales, lo más probable es que el inversor sufra una minusvaloración de su capital. Y precisamente el riesgo se define como la posibilidad de que el capital se deprecie.

A todo lo expuesto hay que sumarle el hecho de que el capital quedará inmovilizado durante el tiempo que permanezca depositado, a no ser que el ahorrador haga frente a unas penalizaciones.

Así pues, lo que en realidad necesitamos son inversiones que ofrezcan un riesgo adecuado a nuestra tolerancia y ofrezcan una rentabilidad adecuada.

 

2. Los bonos y los fondos de inversión de renta fjaija

Los bonos son activos financieros de deuda. El emisor puede ser una entidad pública o privada y tiene un vencimiento determinado. El inversor compra el bono, al precio nominal que corresponda y percibirá intereses periódicos por su tenencia. En el momento del vencimiento, se le devolverá el nominal prestado a la entidad.

El inversor percibe una renta fija por tener invertido su dinero. Precisamente por ello, a este tipo de activos se les denomina “renta fija”.

Al hablar de bonos lo hacemos en sentido amplio de la palabra, puesto que estrictamente se denominan bonos a este tipo de activos cuyo vencimiento es a medio plazo (entre 3 y 10 años).
Los títulos de renta fija cuyo vencimiento es inferior a un año se suelen llamar “Letras” (normalmente cuando son emitidos por organismos públicos) o “pagarés” (cuando son emitidos por empresas privadas). Cuando el vencimiento es de 10 años o más, estos activos reciben el nombre de “obligaciones”.

En todo caso, coloquialmente suele llamarse bonos a cualquier tipo de activo de renta fija.

Los bonos emitidos por los organismos públicos (deuda pública) suelen ser inversiones de bajo riesgo. De hecho, son considerados como “libres de riesgo” (en sentido teórico, puesto que es a efectos comparativos con otras inversiones). Esto se debe a que los gobiernos tienen capacidad para conseguir ingresos y poder hacer frente a sus obligaciones de pago.

Por ello, la deuda pública ofrece un rendimiento inferior a la deuda privada. En esta última el riesgo de impago viene fijado por la capacidad de solvencia del emisor. Para medir el riesgo de un bono se utilizan ratings o calificaciones crediticias.

Los fondos de inversión de renta fija

Los activos de renta fija son considerados de bajo riesgo debido a que, al ofrecer un interés conocido e invariable, suelen tener fluctuaciones más suaves en los mercados financieros. Sin embargo, no puede decirse que estén exentos de riesgo. Un bono puede perder mucho valor si se produce una alteración de los tipos de interés o la inflación sube (además del riesgo de impago o riesgo de crédito).

Dada que la mejor forma para mitigar el riesgo es la diversificación, es recomendable crear una cartera con este tipo de activos. La parte negativa es que esta maniobra financiera exige capital y conocimientos.

No obstante, el inversor tiene a su alcance los llamados fondos de inversión de renta fija: carteras compuestas por este tipo de activos. Resultan ideales para construir estrategias conservadoras.

 

3. Fondos de inversión garantizados

Los fondos de inversión son una de las mejores formas de conseguir rentabilidades ajustadas al riesgo. Esto se debe a que se trata de carteras diversificadas, administradas por un gestor profesional.
Además de conseguir la diversificación y la gestión profesional, el inversor goza de una absoluta liquidez y una atractiva fiscalidad (lo cual es necesario según lo expuesto anteriormente).

Existen fondos de inversión de muchos tipos, adaptados a las necesidades y perfil de riesgo del ahorrador. Uno de estos tipos son los fondos garantizados, en los cuales se garantiza la devolución total o parcial del capital invertido. Además, algunos incluso garantizan un rendimiento fijo.

No obstante, la garantía está ligada a una fecha concreta. Con lo cual, este tipo de fondos no gozan de la liquidez característica a estos productos (se renuncia a la garantía si se reembolsan antes).

 

4. Fondos de inversión de retorno absoluto

Si lo que pretendes como ahorrador es desvincularte de los mercados financieros, además de productos como los depósitos bancarios (los cuales ya hemos visto sus inconvenientes), tienes a tu alcance un tipo de fondos de inversión que realizan este tipo de estrategias.

Los fondos de retorno absoluto se caracterizan porque tienen un objetivo concreto en cuanto a los rendimientos a obtener y al riesgo asumido. No se trata de fondos garantizados, sino de productos que utilizan sofisticadas técnicas financieras para cumplir con dichos objetivos, independientemente del comportamiento de los mercados financieros.

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